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viernes, 12 de abril de 2013

Saliendo de Egipto

Todos tenemos un propósito en esta vida. No estamos aquí por azar como dicen algunos que se hacen llamar “sabios”. Tú, que lees esto, debes saber que Dios ha escrito un destino para ti, sin importar las circunstancias que te trajeron a este mundo, tomar ese destino perfecto y hacerlo real depende de tu decisión.

“Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito de muchos hermanos.” (Romanos 8:29)

Tomemos la historia de Moisés. Después de que Jacob se estableció con sus hijos en Egipto durante los 7 años de hambre, los israelitas comenzaron a crecer y a multiplicarse. Cuatrocientos años después de la llegada de los israelitas a Egipto, el escenario había cambiado. Los faraones habían olvidado a José y comenzaron a ver a los israelitas como una amenaza para su existencia nacional. Por lo tanto, decidieron someterlos a la esclavitud a fin de disminuir su poderío.

“Murieron José y sus hermanos y toda aquella generación. Sin embargo, los israelitas tuvieron muchos hijos, y a tal grado se multiplicaron que fueron haciéndose más y más poderosos. El país se fue llenando de ellos.
Pero llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José, y le dijo a su pueblo: <<¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que nosotros! Vamos a tener que manejarlos con mucha astucia; de lo contrario, seguirán aumentando y, si estalla una guerra, se unirán a nuestros enemigos, nos combatirán y se irán del país.>>
Fue así como los egipcios pusieron capataces para que oprimieran a los israelitas. Les impusieron trabajos forzados, tales como los de edificar para el faraón las ciudades de almacenaje de Pitón y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y se extendían, de modo que los egipcios llegaron a tenerles miedo; por eso les imponían trabajos pesados y los trataban con crueldad.” (Éxodo 1:6-12 NVI)
No contento con eso, el faraón dio la orden de que todos los recién nacidos varones del pueblo de Israel fuesen eliminados. Fue durante este genocidio que nació Moisés. Temiendo que el niño fuera asesinado, su madre lo ocultó por un período de tres meses, hasta que ya no pudo más. Luego ideó la estratagema de poner al niño en una cesta de papiro impermeabilizada y esperar.

Quiero hacer un alto aquí, y llamar la atención de un punto. ¿confías en Dios? Muchas veces uno quiere tener el control de todo, pero hay casos en que se deben dejas las cosas a un lado y confiar en Dios. Si realmente creemos que Él tiene la situación bajo su control, debemos tener la disposición de hacernos a un lado y permitir que sea Él quien dirija el desarrollo de las cosas.

Moisés creció y fue entregado a la hija del faraón. De este modo fue educado en los estándares reales del Egipto, por lo que debe haber sido un hombre muy instruido y culto. No obstante, a pesar de su instrucción, no olvidó de donde venía.

  • ¿Has llegado alto?
  • ¿Has olvidado de donde vienes?
No importa cuán peligroso sea el entorno. Moisés nació en medio de un genocidio, pero Dios tenía planes para su vida y siempre lo cuidó.

Moisés no olvidó su origen y siempre vio a los israelitas como sus hermanos.

Se dice que un hombre, donde ve una necesidad debe ver un llamado. Con mayor razón aún, si creemos en Cristo, ahí donde vemos necesidad debemos ver un llamado. En lugar de quejarse y decir “Que alguien arregle eso”, debemos subirnos las mangas y ponernos a trabajar.

Y eso fue lo que hizo Moisés. Al ver la opresión de su pueblo, sintió en su corazón que debía hacer algo. Pero en este punto siempre hay dos caminos: El que se hace con nuestras propias fuerzas, y el que se hace con las fuerzas de Dios.

“No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu -dice el SEÑOR todopoderoso-” (Zacarías 4:6b NVI)
Moisés primero comenzó con sus propias fuerzas, y terminó huyendo al desierto. Tendría que pasar un largo proceso para que volviera a presentarse ante el faraón para liberar, esta vez, de forma definitiva a su pueblo.

Quiero enfocarme por un minuto en esto: ¿Cuántas veces hemos intentado hacer algo por nuestra propia fuerza?

Me atrevería a decir que la mayoría de las veces. Pero cuando Dios hace las cosas por medio de su Espíritu, debemos prepararnos para que todo se haga más lentamente. No a nuestra pinta, sino en los tiempos de Dios. ¿Por qué es así? ¡porque Él conoce todo! Nos conoce tan bien que primero debe tratar con nuestro carácter y con las circunstancias a nuestro alrededor.

Y fue en medio del desierto donde Moisés fue preparado. Tuvieron que pasar largos 40 años antes de que Dios le diera la orden directa de ir a buscar a Su pueblo. El desierto siempre es un lugar de preparación. Seco, duro, árido, pero es el lugar donde Dios moldea nuestro carácter para que hagamos la obra perfecta conforme a sus planes.

Cuando Dios traza un propósito para nuestra vida, tenemos dos opciones: O nos hacemos los desentendidos, o nos inclinamos para hacer su voluntad. Esto no es arbitrario ni por capricho. Dios sabe con quiénes te has de enfrentar y debe prepararte. Cuando Él traza el plan, siempre estarás bajo su cuidado, Él te protegerá.

Cuando Moisés se presentó ante faraón, era otro hombre. Dios lo había moldeado en el desierto y entrenado como líder político, religioso y militar para guiar a la nueva nación.

Durante mucho tiempo me pregunté por qué Dios necesitó asolar a Egipto con plagas y gran despliegue de fuerza para sacar a Israel de ahí. Hoy he entendido que en ese momento los israelitas no conocían a Dios. Vivían como esclavos en medio de un país politeísta con dioses falsos. Necesitaban conocer al verdadero Dios viviente para así entender que realmente iban tras alguien verdadero.

Fue en este instante donde Dios dejó en claro no sólo el pacto por el cual sacaría a Israel de Egipto, sino que también envió una poderosa señal para nosotros: El cordero sacrificado, con cuya cuya sangre se pintaría el marco de la puerta de cada casa de Israel. El ángel de la muerte pasó por Egipto, pero no entró a las casas que tenían la sangre del cordero. ¡Que imagen más clara de la obra de Cristo! Es el mismo cordero que Dios proveyó a Abraham en el monte. Y hoy, cubiertos por la sangre de Cristo, tenemos seguridad que la muerte pasará junto a nosotros, pero no nos retendrá.

Dios marchó al frente de su pueblo. Abrió el mar, y ahogó al enemigo que perseguía a su pueblo. ¡Dios mismo, en persona guiaba a su pueblo! Del mismo modo que los israelitas tenían frente a ellos la columna de nube y la columna de fuego, hoy tenemos el antiguo testamento y el nuevo testamento. Dios ha plantado estas columnas en nuestra mente y en nuestro corazón para que sigamos por el camino que Él nos ha preparado.

“Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con la casa de Israel -dice el SEÑOR-: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.” (Hebreos 8:10 NVI)
 El viaje no estuvo exento de dificultades, ¿sabes? Pero Dios siempre estuvo atento a su pueblo y cuidó de él. Así como Moisés fue salvado en el Nilo, Israel fue salvado en el mar Rojo, así también tu estás bajo el cuidado del Fuerte, del Eterno.

“El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
Yo le digo al SEÑOR: 'Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío'.
Sólo el puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio” (Salmo 91: 1 - 4)

lunes, 18 de febrero de 2013

Que vida mas grata!

Creo que no hay nada más grato que caminar por la vida con la seguridad de que las cosas están y estarán bien.

Con mi esposa tenemos esa paz de saber que aunque el cielo tenga nubarrones, al final es Dios quien tiene el control de las cosas y que, aunque a veces parezca que estamos en un callejón sin salida, Él siempre abre una puerta que nadie puede cerrar.

Podemos caminar con seguridad, sabemos que Él nos cuida como si fuéramos la parte blanca de su ojo y que aunque muriéramos estaremos con Él, en su justicia y su reino.

En este mundo de tiranos, de delincuentes, de opresión, de locura materialista, de crisis económica e incertidumbre política, da gusto poder caminar todos los días con una sonrisa, sabiendo que desde que entregamos nuestras vidas a Jesús, tenemos todo garantizado tanto en esta vida como en la venidera.

"El que habita al abrigo del altísimo
y se acoge a la sombra del Omnipotente,
dice al Señor: 'Tú eres mi esperanza, mi Dios,
¡el castillo en que pongo mi confianza!'

El Señor te librará de las trampas del cazador;
te librará de la peste destructora.
El Señor te cubrirá con sus plumas,
y vivirá seguro debajo de sus alas.
¡Su verdad es un escudo protector!

No tendrás temor de los terrores nocturnos,
ni de las flechas lanzadas de día;
no temerás a la peste que ronda la oscuridad,
ni a la mortandad que destruye a pleno sol.

A tu izquierda caerán mil,
y a tu derecha caerán diez mil,
pero a ti no te alcanzará la mortandad.
¡Tú lo verás con tus propios ojos!
¡Tú verás a los impíos recibir su merecido!

Por haber puesto al Señor por tu esperanza,
por poner al Altísimo como tu protector,
no te sobrevendrá ningún mal,
ni plaga alguna tocará tu casa.

El Señor mandará a sus ángeles a ti,
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus brazos,
y no tropezarán tus pies con ninguna piedra.
Aplastarás leones y víboras;
¡pondrás tu pie sobre leones y serpientes!

'Yo lo pondré a salvo, porque él me ama.
Lo enalteceré, porque él conoce mi nombre.
Él me invocará, y yo le responderé;
estaré con él en medio de la angustia.
Yo lo pondré a salvo y lo glorificaré.
Le concederé muchos años de vida, 
y le daré a conocer mi salvación'"  (Salmo 91, RVC)


miércoles, 3 de octubre de 2012

La importancia de leer la Biblia.

"Es imposible esclavizar mental o socialmente a un pueblo que lea la Biblia. Los principios de la Biblia son los cimientos de la libertad humana" (Horace Greeley)

Son tiempos difíciles para ser cristiano. Hoy más que nunca, la apostasía se ha apoderado de la iglesia y es casi imposible encontrar un lugar donde se enseñe la palabra con pureza.

No es de extrañar. Esto estaba profetizado. Desde los tiempos de Isaías, el Señor le habla a una iglesia rebelde y cómoda que ha olvidado el lugar de donde salió y ha entrado en abierta fornicación con los estándares de este mundo.

Lo triste de este tiempo no radica en que no se esté predicando el evangelio. Lo triste de este tiempo radica en que se predica un evangelio a medias, deformado, castrado, acomodado muchas veces para enriquecer al alguno y llevar a la perdición a otros. Se combinan verdades sanas con doctrinas de demonios y los que están hambrientos de Dios terminan alimentándose de comida mezclada con veneno.

¿Cómo discernir una doctrina? ¿cómo reconocer si una enseña es verdadera?

El Señor, en su infinita sabiduría y misericordia, nos ha dejado las escrituras para que aprendamos. Constantemente se nos incentiva no sólo a leer, sino a meditar (es decir a pensar en) la escritura.

Cuando la Torá (nuestro Pentateuco, es decir, los 5 primeros libros de la biblia) fue escrita, su primer "usuario" fue Josué. Cuando Josué toma el mando de la nación de Israel, Dios mismo le ordena mantenerse fiel en el estudio de la naciente palabra:

"Procura que nunca se aparte de tus labios este libro de la ley. Medita en él de día y de noche, para que actúes de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así hará que prospere tu camino, y todo te saldrá bien." (Josué 1:8 RVC)
Nótese que recién se habían escrito 5 de los 66 libros de la biblia y Dios ya esta ordenando su lectura y meditación.

Mucho más adelante, cuando el reino de Israel fue dividido por causa de la idolatría de Salomón, nuevamente el Señor llama la atención de los israelitas, debido a que olvidaron el estudio y la meditación de la escritura.

Tristemente, del mismo modo que ocurre hoy, fue el olvido de la escritura lo que provocó la caída espiritual del pueblo de Dios. Debido a que dejaron la escritura de lado, fueron introducidas muchas doctrinas falsas que alejaron al pueblo de su Dios.

"Hijos de Israel, ¡oigan la palabra del Señor! El Señor ha entablado un pleito contra los habitantes de la tierra, porque ya no hay en la tierra verdad ni misericordia, ni conocimiento de Dios; en cambio abudan el perjurio, la mentira, la muerte, los robos, los adulterios, y homicidio tras homicidio." (Oseas 4:1-2 RVC, énfasis añadido) 

¿No suena familiar esto? ¿Acaso hoy la iglesia no está llena de soborno, mentira, falsos profetas, fornicación, adulterio y un largo etcétera de abominaciones?

Estas cosas ocurren porque la iglesia se ha olvidado de la biblia. Hoy las personas toman la biblia sólo para echarla en un bolso el día domingo y llevarla a la iglesia (si es que la llevan a la iglesia). No hay estudio de la palabra, no hay meditación de la la palabra. El pastor sólo lee un par de versículos para pedir el diezmo y luego la biblia vuelve a su bolso.

"Mi pueblo ha sido destruido porque le faltó conocimiento. Puesto que tú desechaste el conocimiento, yo te desecharé del sacerdocio; puesto que te olvidate de la ley de Dios, también yo me olvidaré de tus hijos." (Oseas 4:6 RVC)
 Necesitamos volver a la escritura. Hoy más que nunca, la única forma de saber si lo que se predica cada domingo en el púlpito es verdadero, es comparándolo con la palabra de Dios. ¿que otro referente tenemos?

Que no te engañen: versículos sueltos no son la palabra. Tal como hago yo en este artículo, puedo citar versículos, pero la verdad debe discernirse a la luz de la escritura. Cuando te citen un versículo, léelo en su contexto. Si es necesario lee el libro completo para entender el porqué de un versículo.

Aprendamos de los cristianos de Berea:

"Éstos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les anunciaba." (Hechos 17:11 RVC, énfasis añadido)

Y eso es lo que debemos hacer. Examinar la escritura. Será la única forma de saber si tal o cual versículo fue correctamente aplicado. Será la única forma de saber si tal o cual prédica realmente vino del corazón de Dios. Será la única forma de no ser engañados por falsos maestros.

Lo más hermoso de leer la biblia, es que nos acercamos al corazón de Dios y comenzamos a conocerle, y al conocerle comenzamos a amarle ¡hay una gran diferencia entre creer en Dios y amar a Dios!

Porque al final, las cosas pasarán. La iglesia pasará, la apostasía pasará, el juicio pasará y tendremos la eternidad. ¿Crees que la vida eterna es sólo caminar por calles de oro y cruzar puertas de perlas? ¿Acaso no tenemos una recompensa mucho mayor en la eternidad?

"Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3 RVC)
Y conocer a Dios, al infinito en gracia, amor y poder es mayor que todas las cosas, riquezas y filosofías que existan. ¡Qué mejor motivo para leer la biblia todos los días!

Si nunca has leído la biblia ¡empieza ahora!  ... menos facebook, más biblia... menos televisión, más biblia... menos chismes, más biblia...



lunes, 2 de abril de 2012

Con el cuchillo en lo alto

La vida en Fe no es un camino de rosas. Al fin y al cabo es vida, en este planeta, el mismo suelo, el mismo aire, las mismas leyes de gravedad y termodinámica. Estamos acá, pero nuestro hogar está en lo alto. Estamos "de pasada", con la misión de invitar a quienes más podamos a vivir eternamente.

Pero tal como decía, no es un camino de rosas. Hay pruebas, y muchas. Dios prueba nuestra Fe ya que de otro modo esta no crecería. Del mismo modo que un atleta pone a prueba sus capacidades físicas para ir mejorándolas, nuestra Fe debe ejercitarse en la prueba para ir creciendo.

Hay pruebas más dolorosas que otras. Muchas personas lamentablemente no comprenden este hecho y terminan mal, no entendiendo que el esfuerzo y la valentía son características apreciadas y premiadas por Dios.

"Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó" (Jos 1:6-7 NVI)

En Apocalipsis, Jesús hace especial enfásis en mostrar que los vencedores recibirán la recompensa (ver mensajes a las 7 Iglesias). Vencedores son aquellos que perseverando en la Fe han superado las pruebas y vencido la adversidad.

Según yo, la prueba más grande es perder a quien amamos. Da lo mismo las circunstancias, da lo mismo de quien se trate, pero la pérdida del ser amado es quizá el golpe más intenso que puede recibir nuestra Fe. Nadie en sus cabales apreciará más una posesión material que la persona amada. Nadie que ame a una persona puede resignarse a perderla sin pataelar (o si no, ¿para que le ama?). Desde mi punto de vista, la prueba del corazón es el magnum opus de las pruebas de Fe.

¿Acaso existe dolor más grande que la pérdida del ser amado? Millones de canciones y poemas hablan del dolor del corazón, de un amor terminado, de un hijo perdido, de una madre que ya no está. Miles de canciones hablan del vacío que queda en el corazón y la desesperanza habida al no poder encontrar aquello que tanto anhelamos.

Ahora bien imagina esto: Sabes que vas a perder a esa persona. Sabes que tienes la opción de evitarlo, pero tu Fe dicta que debes dar el paso y perderla. ¿que hacer?

Abraham fue la persona que se vio en este aprieto. El primer caso documentado de Fe puesta a prueba en el magnum opus de las pruebas. Su historia no deja lugar a dudas que su Fe era inquebrantable y su obediencia iba más allá de lo humanamente comprensible:


"Pasado cierto tiempo, Dios puso a prueba a Abraham y le dijo:
- ¡Abraham!
- Aqui estoy -respondió
Y Dios le ordenó:
- Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré.
Abraham se levantó de madrugada y ensilló su asno. También cortó leña para el holocausto y, junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, Abraham alzó los ojos y a lo lejos vio el lugar. Entonces le dijo a sus criados:
- Quédense aquí con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a ustedes.
Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; él, por su parte, cargó con el fuego y el cuchillo. Y los dos siguieron caminando juntos.
Isaac le dijo a Abraham:
- ¡Padre!
- Dime, hijo mío.
- Aquí tenemos el fuego y la leña -continuó Isaac-; pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
- El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios. -le respondió Abraham.
Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al lugar señalado por Dios, Abraham construyó un altar y preparó la leña. Después ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, pero en ese momento el ángel del SEÑOR le gritó desde el cielo:
- ¡Abraham! ¡Abraham!
- Aquí estoy -respondió.
- No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño -le dijo el ángel-. Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo.
Abraham alzó la vista y, en un matorral, vio un carnero enredado por los cuernos. Fue entonces, tomó el carnero y lo ofreció como holocausto, en lugar de su hijo. A este sitio Abraham le puso por nombre "El SEÑOR provee." Por eso hasta el día de hoy se dice "En un monte provee el SEÑOR."
El ángel del SEÑOR llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, y le dijo:
- Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo -afirma el SEÑOR- que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu desendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además tus desendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu desendencia." (Génesis 22:1-18 NVI).

Imagino (guardando las proporciones, ya que no tengo hijos) el terrible dolor que sintió Abraham al recibir esta orden. Imagino su cuestionamiento interno... lo imagino desvelándose esa noche, con el corazón destrozado al saber que al día siguiente vería a su hijo vivo por última vez. Pienso en la angustia del pobre Abraham al ver salir el sol esa mañana.

Pero no se quejó. No hay registro de que lo haya hecho. Obedeció con el corazón oprimido, caminando lento, apretando los dientes.

Imagino esa caminata a solas con su hijo, rumbo al monte, conversando de la vida y de tantas cosas que la curiosidad del pequeño le hacía preguntar. Quizá caminaban de la mano y Abraham la apretaba con ternura. Quizá de vez en cuando acariciaba sus cabellos, sabiendo que lo estaba haciendo por última vez. La obediencia absoluta es dolorosa. Muchas veces el propósito es incomprensible... ¿por qué su hijo? ¿por que matarlo? ¿por que en ESE monte?

El pobre Abraham caminaba angustiado, apretaba los dientes. El pequeño Isaac caminaba inocente, quizá perisiguiendo a algún insecto, quizá preguntando el nombre de las cosas.

Abraham podría haberse evitado ese dolor. Podría haber ensillado un camello durante la noche y huido a tierras lejanas. Podría haber ignorado la voz de Dios, gritarle algunos improperios "¡COMO SE TE OCURRE QUE VOY A MATAR A MI HIJO.. QUE TE HAS IMAGINADO!" o quizá algo peor. Pero decidió obedecer. Decidió confiar. Decidió creerle al mismo que tiempo atrás le había prometido el nacimiento del mismo hijo que ahora iba a sacrificar. De alguna forma, Abraham había comprendido el concepto de que Dios no se ajusta a lógicas humanas y que la verdadera Fe es la obediencia absoluta a la voluntad de Dios.

Muchas veces no comprendemos el por que ni el para que de nuestro dolor. Muchas veces no entendemos por que debemos entregar a esa persona tan amada. Dios tenía un plan para Abraham. Un plan tan grande que te involucra a ti y a mi. ¿Que si Abraham no hubiera obedecido? ¿Tendríamos acaso una oportunidad de reconciliarnos con Dios?

Abraham llegó al monte, ató a su hijo. Tomó el cuchillo en sus manos. Apretó los dientes y cerró los ojos. Quizá para grabar en su mente esa última imágen de su hijo vivo. La próxima vez que los abriera su hijo ya no estaría en este mundo y sus manos estarían manchadas con sangre de su sangre.

Esos segundos que estuvo con el cuchillo en lo alto deben haber parecido siglos. Por su mente deben haber desfilado esos momentos en que le fue anunciado el nacimiento de su hijo, la incredulidad de su esposa, la espera, la alegría de verlo nacer, sus primeras palabras, sus primeros pasos. Todo ya estaba entregado, todo ya estaba rendido.

Abraham lo hizo porque confiaba en Dios. Su confianza era tal que sabía que eso no iba a terminar así. Durante todo ese tiempo albergaba en su corazón una esperanza, quizá en su interior decía "a medio camino me va a decir que vuelva" o quizá pensaba que vendría otro hijo. Sea lo que sea, Abraham estaba total y absolutamente seguro de que Dios tiene todo bajo control, de que Dios no iba a dejar su promesa a medias, que Dios no le había venido con cuentos cuando le dijo que iba a ser padre de naciones. Dios no es hombre para andar mintiendo, Dios no necesita inventar mentiras.

Fe es confiar, Fe es creer, Fe es SABER que Dios tiene todo bajo control. Fe es la llave de la bendición. Porque cuando el cuchillo está en lo alto, y estamos apunto de sacrificar lo que más amamos en este mundo, Dios mismo interviene, Dios mismo provee, Dios mismo bendice. La única llave fue la Fe, la confianza, la obediencia. Aunque sea con el corazón destrozado, aunque sea apretando los dientes, aunque sea con los ojos nublados en lágrimas, aunque sea con la angustia oprimiendo el pecho.

"Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su Fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía el poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su Fe como justicia. Y esto de que "se le tomó en cuenta" no se escribió sólo para Abraham, sino también para nosotros. Dios tomará nuestra Fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor." (Romanos 4:20-24 NVI)
"Al que salga vencedor le daré el maná escondido, y le daré una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe." (Apocalipsis 2:17 NVI)

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Cuál es tu precio?

¿Es posible cuantificar el valor de tu vida? Probablemente estás pensando que no. Quizá estás pensando en algo... Monetariamente podría cuantificarse considerando algunas cosas: El costo del embarazo de tu madre, los gastos de clinica, pañales, comida, médico, vestuario, techo, educación, medicamentos... y un largo etcétera. Podría hacerse una aproximación estadística, calcular un promedio y quzá con un poco de imaginación, estimar aproximadamente cuanto vales... supongo que serán varios millones. Sin considerar todo lo que puedes ganar en el futuro. En este caso tu valor se puede incrementar.


Quizá sea menos frío considerar que eres un ser vivo, y que como tal tu vida no tiene precio. Es mucho más poético decir que valoras tu vida por los buenos momentos, por tus amigos, por tu familia, por el gran amor de tu vida. Por tus logros y metas ganadas. Por tu individualidad.


“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento” (12 monos)


En realidad, yo creo que tu vida no puede valorizarse. Punto. Eres un ser único en el universo, hermoso e irrepetible, con cualidades únicas que no pueden replicarse. Con conocimientos propios, creatividad, historia y destino. Algo único en el universo no puede valorarse. Valorar es comparar. Cuando algo se valora, lo que se está haciendo es compararlo con un patrón establecido (el dinero, por ejemplo). Ahora bien ¿cómo se puede valorar algo único en el universo? ¿contra qué se te puede comparar?


Cierto día, estaba detenido en un semáforo, y un aviso publicitario llamó la atención. Una pareja en una pose sensual, con poca ropa, pero vestidos muy a la moda y un escrito "Be Authentic (Sé auténtico)" . Una invitación a la individualidad, a ser único. No pude evitar una sonrisa al pensar que esa publicidad te está invitando a ser único, pero al mismo tiempo te impone un estereotipo de vestimenta y comportamiento, es cómo si te en realidad te dijeran: "¿Quieres ser único?... bueno, ven a comprarnos la última moda y luego ve a comportante como un animalito". 


Por eso no me extraña la cantidad enorme de personas que visten y actúan exactamente igual esperando ser únicos. ¡Que paradoja!



Nada malo hay en vestir a la moda. Nada malo hay en tener actitud. Lo malo está en creer que la moda te hace único, que seguir a la manada te hace irrepetible. Eso es un engaño publicitario. Un engaño tan bien elaborado que lo encuentras en casi todo ámbito de cosas, ¡incluso dentro de las iglesias!. En realidad responde a cierta naturaleza humana de buscar "normalidad". Otras personas han descubierto esta verdad y deciden seguir el camino exactamente contrario y vestir del modo menos convencional que sea posible (yo mismo he sido de esta calaña) con tal de mantener cierta "individualidad" y demostrar de algún modo que no se dejan engañar tan fácilmente.


La individualidad es más que una forma de vestir, es más que una forma de hablar, es más que una forma de actuar. La individualidad es el origen de todas esas caracterícticas y muchas más. La verdadera individualidad se construye de adentro hacia afuera. No de afuera hacia adentro. Tu manera de vestir, actuar y comportante son un reflejo de tu individualidad, no al revés. La tenida no hace a la individualidad, la individualidad escoge a la tenida.


"De la abundacia del corazón habla la boca" (Mt 12:34 NVI)


Lo que tienes dentro se verá reflejado hacia afuera. Tu individualidad se verá reflejada en tu forma de ser. Si no eres auténtico, entonces usarás un disfraz, una careta para tratar de encajar. No es algo condenable, todos lo hemos hecho una y otra vez, lo importante es entender que no es necesario usar un disfraz para encajar, no es necesario vestirte de lo que pretendes ser, sino simplemente ser. El mejor disfraz que puedes usar es el disfraz de ti mismo.


Una vez un hombre estaba construyendo una máquina. La diseñó cuidadosamente y comenzó a construirla. Necesitaba una pieza especial que no tenía en su taller. Tomó todo lo necesario y fue al mercado persa. Recorrió con paciencia, buscando y mirando todo tipo de cachibaches. Algunas cosas llamaban su atencion, otras no. Sabía exactamente lo que necesitaba, asi que examinaba cuidadosamente aquellas piezas que podrian servirle. Buscó durante horas con paciencia, sabiendo que entre tanto cachibache iba a encontrar lo que buscaba. Hasta que la encontró. Ahi estaba en medio de un montón de cachibaches. Cubierta de polvo y grasa, un poco maltratada, pero era la pieza que estaba buscando. Sólo necesitaba un poco de limpieza, un pinchazo de soldadura, un poco de pintura.. y listo! No escatimó en gastos. Sabía exactamente el valor de lo que tenía en la mano. ¡Había recorrido todo el mercado buscando esa pieza! no la iba a dejar pasar. Pagó el precio gustosamente y se fue muy contento a su taller. Una vez en su taller, dedicó mucho tiempo a preparar con esmero la pieza. Primero la limpió y pulió cuidadosamente, luego limó algunas asperezas, luego soldó unas juntas quebradas, pulió nuevamente la soldadura, le dio una capa de antioxidante y luego la pintó cuidadosamente. Después de varios días, la pieza estaba perfecta. La montó en su máquina y listo!! La máquina estaba completa, la obra estaba perfecta, la pieza estaba en su lugar. De ahora en adelante sólo se podrían hacer mejoras.


Sólo alguien que sabe exactamente para lo que sirves puede valorarte, sólo alguien que conoce exactamente tu potencialidad es capaz de distinguirte en medio de un montón de cachibaches. Es capaz de pagar cualquier precio por ti sin escatimar, ya que sabes que eres único e irrepetible en todo el universo. Nunca ha existido y nunca habrá nadie como tú, Dios sabe exactamente quien eres y para que sirves y pagó un precio muy alto por ti. Eres valioso, aunque el mundo te diga lo contrario. Él ve lo más profundo de tu corazón, incluso aquello que no puedes ver por ti mismo. Aunque estés sucio y dañado por dentro o por fuera, el ve más allá de esa suciedad y te comprará a cualquier precio, te limpiará, te restaurará y te hará parte de su obra maestra, ¡porque tú eres exactamente lo que Él está buscando!.


"Quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a si mismo y se hizo obediente hasta la muerte ¡y muerte de cruz!" (Fil 2:6-8 NVI) 


El precio pagado es alto, pero a Él no le importa, tú lo vales.


No deberías esforzarte en ser distinto, porque ya lo eres. No deberías centrate en la belleza exterior, porque ya la tienes. Tu valor está incluso más allá de lo que eres, sino también en lo que llegarás a ser. No importa lo que te digan, tú eres valioso, no importa lo que hayas hecho, tú puedes ser restaurado, no importa tu baja autoestima, tú vales mucho.


¿Te das cuenta que el único precio por tu vida es otra vida? Dios mismo dio su vida como precio por ti, para sacarte de los cachibaches y llevarte a su taller donde te hará parte de su obra maestra. Eres la pieza precisa. Tienes un valor incalculable, que sólo Dios conoce, tienes un potencial tremendo que sólo Dios puede llevar al máximo. Tienes una utilidad desconocida que Dios le dará el lugar preciso... ¿es que no lo entiendes? ¡Tu vida es preciosa!