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martes, 24 de diciembre de 2013

¿Para qué nació Jesús?

“Porque ni aún el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45 NVI)

Cuando Dios creó el mundo, todo estaba en armonía, tanto entre los seres creados como entre el hombre y su creador.

El pecado de Adán tornó a la humanidad entera en abierta rebelión contra Dios, e introdujo la muerte y la destrucción al universo. Cuesta entender cómo una acción tan simple como el comer de un fruto tuviera tantas consecuencias; pero no debe sorprendernos que hasta el día de hoy, los delincuentes se justifiquen a sí mismos en base a lo “simple” de sus acciones. El problema de fondo es que simplemente no sabemos medir las consecuencias de nuestros actos.

Entendiendo esto, podemos ver que el estado actual de las cosas es imposible de solucionar. En realidad sabemos que no existe ni doctrina, ni filosofía, ni gobierno ni autoridad que pueda restituir el mundo a su estado original. Por más que nos esforcemos en poner en práctica las más hermosas utopías, el resultado final siempre será el mismo: corrupción, abusos, muertes, etc.

Nadie mejor que Dios comprende este hecho; y fue por eso que Él mismo decidió proporcionar la solución a tan tremendo disparate causado por el hombre, fue en Edén mismo que Dios le dijo a Satanás:

“Pondré enemistad entre tu y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tu le morderás el talón.” (Génesis 3:15 NVI)

Dios dijo que en algún momento futuro (para aquel entonces), nacería alguien de la mujer que derrotaría a Satanás aplastándole la cabeza, aún cuando recibiría un daño en el proceso.

Cuando leemos la Biblia y estudiamos la historia del mundo, nos damos cuenta que desde entonces la historia humana ha estado llena de guerras, muertes, plagas, traiciones, abusos, insensatez y tragedias.

Este estado de cosas es patente, y no hace falta ser un genio o un teólogo para darse cuenta que este mundo necesita arreglo, la Biblia lo expresa en estos simples términos:

“Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto.” (Romanos 8:22 NVI)

Dios prometió que arreglaría esto. Pero no sería una reparación simple.

Cuando la humanidad estaba en su infancia necesitó reglas estrictas a fin de tener un camino que le mantuviera viva; luego en un momento clave de la historia; el salvador prometido en el Edén vino a este mundo. El profeta Isaías, que vivió casi mil años antes de Jesús, lo describió de una forma magistral, como si hubiera visto el nacimiento con sus propios ojos:

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” (Isaías 9:6 NVI)

Este hombre, “simiente de mujer” sería no sólo quien vencería a Satanás aplastándole la cabeza, sino que sería capaz de volver a poner el orden en el universo y gobernaría la tierra con justicia y paz.

“Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra.” (Isaías 2:4 NVI)

“El lobo vivirá con el cordero, el leopardo andará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del SEÑOR como rebosa el mar con sus aguas.” (Isaías 11:6-9 NVI)

Esta tarea no sería un paseo por el campo. El enviado de Dios nació en un hogar pobre y debió escapar a muy temprana a edad porque querían asesinarlo. Creció como cualquiera de nosotros. Quizá se enfermó cuando niño, quizá tuvo fiebre, quizá pasó frío, fue vulnerable y frágil, se vio sometido a tentaciones y quizá cometió alguna travesura.

El enviado de Dios, creció como un hombre, y vivió una vida ejemplar. Nos dio las enseñanzas más sensatas que jamás podríamos haber recibido, y fue el más generoso de todos ya que teniendo un poder impresionante, nunca lo usó en favor propio. En resumen, vivió una vida perfecta ante los ojos de Dios, la vida que ni tú ni yo jamás podremos vivir y, una vez llegado el tiempo, presentó esa vida como sacrificio para que su sangre fuera derramada en lugar de la nuestra; a fin de cumplir la condena que Dios, como parte injuriada en este juicio celestial, demandaba de nuestra parte.

Jesús vino a vencer a Satanás, a deshacer la obra de destrucción que el hombre comenzó, a enseñarnos normas básicas de vida para tener paz y civilización, a sanar, a amar, y encima de todo esto a reconciliarnos con Dios.

“El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar las buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar la liberación de los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del SEÑOR y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión.” (Isaías 61:1-3 NVI)
“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.” (2 Corintios 5:19 NVI)

Jesús vino a darnos las respuestas finales, a darnos la paz que tanto anhelamos, a reconciliarnos con Dios, a prepararnos un hogar eterno.

En realidad, sabemos de sobra que Jesús no nació un 25 de diciembre, y sabemos que no hay árboles adornados ni viejos de rojo de por medio. Pero... ¿que importa?

Lo que importa es esto: Jesús puede nacer hoy en tu corazón, si así lo quieres. Espero de todo corazón que puedas comprender que sin Jesús no hay reconciliación con Dios, y por lo tanto no hay paz.

Hoy es el día de tu salvación, hoy es el día en que puedes decir: “Jesús, quiero obedecerte. Dios, perdóname porque estoy en rebelión contra ti”. Eso es en realidad lo único que Dios espera de nosotros. ¿qué te lo impide?

Feliz Navidad!

sábado, 26 de octubre de 2013

¿Por que no celebraremos Halloween?

NOTA: Este artículo es un material preparado para el grupo de pre adolescentes de la escuela dominical donde sirvo. Puede ser utilizado libremente mecionando el lugar de origen.

"Cuando uno tiene claro quién es y a dónde va.. entonces sabe qué debe y qué no debe hacer."

Antes de que existiera nuestro universo, ya existía Dios; y Jesús estaba con Él. Jesús es el Hijo de Dios, por lo tanto es Dios. Por medio de Jesús fue creado el universo, las galaxias, la tierra y todo lo que hay en ella.

"En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. 
Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 
En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla" (Juan 1:1-5 NVI)

Luego, la humanidad se rebeló; entro el pecado y la muerte, de modo que quedamos completamente alejados de Dios. Pasamos de la luz a la oscuridad.

"Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron." (Romanos 5:12 NVI)
"...pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios..." (Romanos 3:23 NVI) 

No obstante, Dios nos ama tanto, que envió a su Hijo (a sí mismo) a este mundo; para enseñarnos como vivir, para pagar nuestros pecados y para que ya no estemos privados de la gloria de Dios, es decir; para que volvamos a vivir en la luz.

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al Mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” (Juan 3:16-17 NVI) 
Aún así; hay personas que han rechazado a Jesús. Estas personas prefieren la oscuridad del pecado y la muerte en lugar de la luz de Dios, y por lo tanto se han condenado a sí mismas.

"Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos." (Juan 3:19 NVI)

Pero a los que han creído en Jesús, se les ha dado una nueva naturaleza: La de ser hijos de Dios. Por lo tanto, si creemos en Jesús, si nos hemos sometido a Él, ahora ya no somos hijos de la oscuridad y de la muerte, sino hijos de Luz.

"Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios." (Juan 1:12 NVI)

Halloween es una fiesta que celebra la oscuridad. Su carácter gira en torno a los hechos de la oscuridad y lo que ella representa: la muerte.

Un grupo de hijos de luz que celebran una fiesta de oscuridad es un absurdo tan risible e idiota como un grupo de veganos que se juntan a celebrar una parrillada de lomo vetado o un grupo de abstemios que celebran la oktoberfest.

"Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios." (Juan 3:20-21 NVI)

También debemos recordar que Jesús es vida.

Cuando la humanidad se rebeló contra Dios, pasó de la vida eterna a la muerte eterna. Cuando Dios nos mira, nos ve como si estuviéramos muertos, de modo que es imposible que podamos siquiera coversar con Él. Pero nos ama tanto que quiso darnos vida nuevamente para que no sólo podamos conversar con Él, sino que pasar la eternidad en completo gozo y felicidad.

"Porque la voluntad de mi padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:40 NVI)

Halloween es una fiesta que celebra la muerte. Todo se trata de fantasmas, calaveras, cementerios, hoces, zombies, sangre, etc. Son cosas completamente relacionadas con la muerte. Muchas personas se disfrazan para simular ser muertos que caminan sin saber, irónicamente, que así es como los ve Dios.

Nosotros en cambio, somos hijos de vida. Hemos sido resucitados junto a Jesús, para que Dios nos vea como hijos que viven, no como muertos que caminan. Celebrar una fiesta de muerte es absurdo para quien vive. Nuestra fiesta debe ser cada día.. porque todos los días vivimos para Dios.

"No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: 'Viviré con ellos y caminaré con ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo'" (2 Corintios 6:14-16 NVI)



Sabemos que Dios tiene un enemigo: Satanás.

Sabemos que Satanás ha sido derrotado por Jesús, y que pronto será arrojado al infierno. Mientras tanto, Satanás trata de engañar a cuantos puede; incluso a los hijos de Dios de ser posible; para que así no sea el único arrojado al lago de fuego y azufre que le espera, sino que pueda llevarse a la mayor cantidad de personas con él.

Una de las principales estrategias de Satanás es disfrazar lo malo de bueno. Su modus operandi es éste: Hace parecer lo aborrecible y malvado como si fuera algo espectacular, divertido y bueno. De modo que muchas personas queriendo hacer algo divertido y bueno terminan haciendo cosas asquerosas que los alejan de Dios y sólo traen condenación sobre sí mismas.

"El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia." (Juan 10:10 NVI)

¿Quién de nosotros comería excremento? Si nos sirvieran un plato con excremento lo detectaríamos de inmediato por el olor y lo rechazaríamos con una expresión de asco.

Buscamos alimentos bajos en calorías, bajos en sodio, sin grasas trans ni preservantes químicos. Huímos de la comida chatarra y de todo lo que perjudica nuestro cuerpo. . . . ¿y qué hay de nuestra alma? ¿nos preocupamos de lo que estamos ingiriendo para alimentar nuestra alma?

Halloween es como un plato de excremento, condimentado con especias y salsas para disimular su olor y su aspecto, pero sigue siendo excremento. Y millones de personas se tragan ese excremento y piden más. Hacen una mueca de asco ante la comida chatarra, pero ingieren ese excremento llamado Halloween a grandes bocandas.

Todas las cosas promovidas por Halloween: la brujería, la hechicería, el espiritismo, el culto a la muerte, la extorsión (trato o truco), la oscuridad, son llamadas abominaciones. Celebrar esas cosas es como meter la cabeza en un basural y comenzar a comer lo que se encuentra ahí.

Halloween es la celebración de la enemistad con Dios, es celebrar y gozarse con todo lo que Dios aborrece. Un hijo de Dios no puede celebrar lo que Dios aborrece. Es ilógico, absurdo y contradictorio.




Nuestra fe es una fe práctica, que se demuestra mediante acciones. Si nuestras acciones son de muerte y oscuridad, entonces no tenemos fe en Dios. Si realmente tenemos nuestra fe en Dios, lo demostramos.

"Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras y yo te mostraré la fe por mis obras." (Santiago 2:18 NVI)

Tenemos todo el año para comer dulces. Podemos disfrazarnos la veces que queramos. Podemos celebrar la vida cuantas veces queramos. Podemos compartir y reirnos cuanto queramos. . . ¿por qué celebrar una fiesta de muerte? ¿por qué comer excremento con ketchup?

viernes, 29 de marzo de 2013

El sufrimiento y gloria de Cristo

"Miren, mi siervo triunfará; será exaltado, levantado y muy enaltecido.
 Muchos se asombraron de él, pues tenía desfigurado el semblante; ¡nada de humano tenía su aspecto! Del mismo modo muchas naciones se asombrarán , y en su presencia enmudecerán los reyes, porque verán lo que no se les había anunciado, y entenderán lo que no habían oído.
 ¿Quién ha creído nuestro mensaje y a quién se le ha revelado el poder del SEÑOR?
 Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable.
 Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.
 Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. 
 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca. 
Después de aprehenderlo y juzgarlo, nadie se preocupó de su descendencia. Fue arrancado de la tierra de los vivientes, y golpeado por la transgresión de mi pueblo.
 Se le asignó un sepulcro con los malvados, y murió entre los malhechores, aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca.
 Pero el SEÑOR quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como él ofreció su vida en expiación, verá su descendencia y prolongará sus días, y llevará a cabo la voluntad del SEÑOR.
 Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho; por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos. Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes, y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores. Cargó con el pecado de muchos, e intercedió por los pecadores." (Isaías 52:13 - 53:12 NVI)

 "- Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
 - Esto es lo que está escrito - les explicó -: que el Cristo padecería y resucitará al tercer día, y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas. Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos con poder de lo alto." (Lucas 24:44-49 NVI)
 
"Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace la guerra. Sus ojos resplandecen como llamas de fuego, y muchas diademas ciñen su cabeza. Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo él. Está vestido de un manto teñido en sangre, y su nombre es <<el Verbo de Dios>>. Lo siguen los ejércitos del cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio. De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las naciones. <<Las gobernará con puño de hierro.>> Él mismo exprime las uvas del lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso. En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre:
REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (Apocalipsis 19:11-16 NVI) 
 

viernes, 22 de febrero de 2013

Deshaciéndonos de la Grasa.

"Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él" (Lucas 18:17 NVI)
"Mientras más sabiduría, mas problemas; mientras más se sabe, más se sufre" (Eclesiastés 1:18 NVI) 

Las palabras de Jesús en Lucas 18:17 no tenían especial significado para mí, en realidad eran uno de esos versículos que uno simplemente lee, pero nada más.

Durante el año pasado, trabajé con los niños de la iglesia a la que asisto y recién entonces vine a comprender la "Fe de niño": Ellos simplemente creen.

Es así de simple. Nosotros sometemos todo al análisis: que la exégesis, que el griego, que la iglesia de la otra esquina, que el papa, que la tradición, que el pastor, que el hermano tanto, que la ciencia, que el history channel, que el canon ya está cerrado, que el calentamiento global, que la telenovela....  y así quedamos con la cabeza revuelta y nuestra fe por el suelo.

¡Y nadie nos manda! . . . solitos nos "calentamos la cabeza" -como decimos en Chile- y, como se dice tradicionalmente, "nos perdemos la bendición".

Hace un par de semanas atrás me hice un examen rápido de grasa corporal. Resulta que soy delgado, pero debido a que soy un hombre de libros (es decir, sedentario), mi nivel de grasa corporal está "un poco sobre lo normal".

Cuando uno tiene mucha grasa en el cuerpo, se pone lento, pesado, se pierde la agilidad y todo da flojera. Con mi esposa hemos tomado la determinación de hacer un poco más de actividad física (créanme que es un gran esfuerzo para nosotros), a fin de ganar algo de ánimo y agilidad.

"El oferente presentará al SEÑOR, como ofrenda por fuego, las siguientes partes del animal: la grasa, que recubre los intestinos y la que se adhiere a éstos, los dos riñones y la grasa que los recubre, la grasa que recubre los lomos, y también el lóbulo del hígado, el cual se extraerá junto con los riñones. Entonces el sacerdote quemará todo esto en el altar. Es una comida, una ofrenda presentada por fuego de aroma grato. Toda la grasa pertenece al SEÑOR." (Levítico 3:14-16 NVI, énfasis añadido)
Lo maravilloso de la Biblia, es que la podemos leer en un plano físico: Es sano no comer grasa. También la podemos leer en un plano espiritual: Hay que deshacerse de la grasa espiritual. Es decir, de todas aquellas cosas que nos ponen lentos y pesados; y que al final impiden que recibamos el reino de Dios como niños.

La pregunta es entonces: ¿cuál es mi grasa espiritual? En Levítico leemos que a lo menos hay 3 tipos de grasas distintas. Deduzco por lo tanto, que para el espíritu hay distintos tipos de grasa.

Creo que cada uno de nosotros tiene impedimentos y trabas que hacen que nuestra fe sea lenta, pesada y compleja; todo lo contrario a la fe de un niño que es ágil, ligera y simple.

Un atleta es rápido porque se ejercita. Un informático es lento porque es sedentario. ¿Cómo está el sedentarismo espiritual? ¿oramos? ¿leemos la Biblia? ¿hablamos con Dios? ¿le ofrecemos nuestra grasa?

Sabemos que Jesús es nuestro sacerdote, así que ¿por qué no presentarle nuestra grasa espiritual para que él la queme en el altar del cielo?

Si entregamos las cargas e impedimentos que entorpecen nuestra fe, entonces Él quemará todas esas cosas. De hecho, debemos hacerlo, ya que toda la grasa pertenece al Señor.

Por lo tanto, debemos deshacernos de todo el caldo de cabeza, sujetando y tomando autoridad sobre nuestros pensamientos; llevando todas las veces que sea necesario nuestros recuerdos, nuestros prejuicios, nuestra experiencia, nuestros malos momentos, nuestras dudas y temores, ante Jesús.

"Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo" (2 corintios 10:5 NVI)

Complementariamente, debemos ejercitarnos espiritualmente: Orar, leer la Blblia, meditar la Biblia, vivir la Palabra, predicar el evangelio, hablar de Dios con nuestros amigos, alabar, asistir al culto, pensar menos en la gente y más en Jesús.

Hace poco tiempo atrás decidí hacer esto: cada vez que viene a mi mente un pensamiento o recuerdo que sé que impide que mi fe sea como la de un niño, hago esta oración: "Jesús, te entrego este pensamiento para que lo quemes en el altar. Sácalo de mi cabeza y llévatelo de acá" y luego obligo a mi dura cabeza a llevar los pensamientos en otra dirección. Es un ejercicio difícil al comienzo, pero con el tiempo se ha ido tornando más fácil.

También trato de orar en todo tiempo. El viaje en la mañana a la oficina es un excelente momento para hablar con el Padre. De hecho este artículo lo escribí a partir de la conversación de hoy. La oración hay que llevarla al siguiente nivel: Debe ser contínua, del mismo modo que la adoración... Créeme que cuesta, pero se puede.

Te animo a deshacerte de tu grasa espiritual. Entrega tu grasa a Jesús para que la queme, todas las veces que sea necesario. Créeme que Jesús lo hará siempre que se lo pidas.

"No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4:6-7 NVI, énfasis añadido)

lunes, 18 de febrero de 2013

Que vida mas grata!

Creo que no hay nada más grato que caminar por la vida con la seguridad de que las cosas están y estarán bien.

Con mi esposa tenemos esa paz de saber que aunque el cielo tenga nubarrones, al final es Dios quien tiene el control de las cosas y que, aunque a veces parezca que estamos en un callejón sin salida, Él siempre abre una puerta que nadie puede cerrar.

Podemos caminar con seguridad, sabemos que Él nos cuida como si fuéramos la parte blanca de su ojo y que aunque muriéramos estaremos con Él, en su justicia y su reino.

En este mundo de tiranos, de delincuentes, de opresión, de locura materialista, de crisis económica e incertidumbre política, da gusto poder caminar todos los días con una sonrisa, sabiendo que desde que entregamos nuestras vidas a Jesús, tenemos todo garantizado tanto en esta vida como en la venidera.

"El que habita al abrigo del altísimo
y se acoge a la sombra del Omnipotente,
dice al Señor: 'Tú eres mi esperanza, mi Dios,
¡el castillo en que pongo mi confianza!'

El Señor te librará de las trampas del cazador;
te librará de la peste destructora.
El Señor te cubrirá con sus plumas,
y vivirá seguro debajo de sus alas.
¡Su verdad es un escudo protector!

No tendrás temor de los terrores nocturnos,
ni de las flechas lanzadas de día;
no temerás a la peste que ronda la oscuridad,
ni a la mortandad que destruye a pleno sol.

A tu izquierda caerán mil,
y a tu derecha caerán diez mil,
pero a ti no te alcanzará la mortandad.
¡Tú lo verás con tus propios ojos!
¡Tú verás a los impíos recibir su merecido!

Por haber puesto al Señor por tu esperanza,
por poner al Altísimo como tu protector,
no te sobrevendrá ningún mal,
ni plaga alguna tocará tu casa.

El Señor mandará a sus ángeles a ti,
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus brazos,
y no tropezarán tus pies con ninguna piedra.
Aplastarás leones y víboras;
¡pondrás tu pie sobre leones y serpientes!

'Yo lo pondré a salvo, porque él me ama.
Lo enalteceré, porque él conoce mi nombre.
Él me invocará, y yo le responderé;
estaré con él en medio de la angustia.
Yo lo pondré a salvo y lo glorificaré.
Le concederé muchos años de vida, 
y le daré a conocer mi salvación'"  (Salmo 91, RVC)


lunes, 21 de enero de 2013

¿Puede un homosexual ir al cielo?

Ésta es una de esas preguntas capciosas que irritan a algunos y sonrojan a otros para terminar generando acaloradas discusiones que traen mucho ruido y pocas nueces.

No podemos dar respuesta a esta pregunta sin ir a la Biblia. Podemos tener muchas opiniones honestas y sinceras, bien o mal intencionadas, pero la respuesta definitiva está sólo en la Biblia.

Primero que nada, veamos a quiénes considera la Biblia como pecadores, es decir, aquellos que no pueden entrar "al cielo":

"Desde el cielo, Dios contempla a los mortales, para ver si hay alguien que sea sensato y busque a Dios. Pero todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno sólo!" (Salmos 53:2-3 NVI)
"Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3:23 NVI)
"Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento" (Isaías 64:6 NVI) 

Un problema grave es el siguiente: Hay personas que creyéndose "santas" y "justas" en su propia opinión, comienzan a levantar el dedo y a acusar (y condenar) a los que ellos consideran "más pecadores" en su propia opinión. Éste es un juego peligroso ya que se está formando parte del exclusivo grupo de el que tenía derecho a lapidar a la pecadora:

 "Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó y él se sentó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:
-Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?
 Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener con qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
-Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús sólo con la mujer, que aún seguía allí. Entonces él se incorporó y le preguntó:
 -Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?
-Nadie, Señor.
-Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar." (Juan 8:1-11 NVI) 

 Las personas que llevaron a a esta mujer ante Jesús, tuvieron al menos la decencia de reconocer que no tenían derecho a apedrearla. Más adelante, en su carta a los Corintios, Pablo hace hincapié nuevamente en este hecho:

"Por carta ya les he dicho que no se relacionen con personas inmorales. Por supuesto , no me refería a la gente inmoral de este mundo, ni a los avaros, estafadores o idólatras. En tal caso, tendrían ustedes que salirse de este mundo. Pero en esta carta quiero aclararles que no deben relacionarse con nadie que, llamándose hermano, sea inmoral o avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni siquiera deben juntarse para comer.
¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro? Dios juzgará a los de afuera. 'Expulsen al malvado de entre ustedes'" ( 1 Corintios 5: 9-13 NVI, énfasis añadido) 

Por lo tanto: Nadie tiene derecho a condenar; y aquellos que condenan traen condenación sobre sí mismos. No se les debe hacer caso.

"No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno (a Dios)" (Mateo 10:28 NVI, paréntesis añadido)

Ahora bien ¿Asegura esto que las personas homosexuales puedan entrar al cielo? Para nada. Sólo nos da un cuadro, un "rayado de cancha" para entender quién puede juzgar realmente.

  La Biblia nos enseña que la Ley de Dios existe para que tengamos un marco sobre el cual podamos examinarnos a nosotros mismos y conocer cuál es nuestra posición delante de Dios.

"Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado." (Romanos 3:20 NVI)

Sabiendo esto, podemos ir a la Ley de Dios y examinarla para saber si la estamos quebrantando. Vamos a la Carta Magna de la Ley de Dios: Los 10 mandamientos (Éxodo 20). Examinemos uno a uno y veamos si hemos quebrantado la Ley:

1. No tengas otros dioses delante de mí.
En este punto, ya muchos caen. El dinero, el ego, los artistas, los bienes materiales, etc. suelen ocupar el lugar de Dios en muchos corazones. Son dioses a los que la gente honra, sirve y adora. Hay personas que con toda sinceridad adoran a "dioses" distintos de Dios. Han quebrantado el primer mandamiento.
2. No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo , ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el SEÑOR tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.
Millones de personas quebrantan este mandamiento a diario. Aún creyendo que lo hacen para "honrar a Dios", están yendo directamente en contra de su mandamiento, quebrantando de este modo la Ley y siendo culpables delante de Dios.
3. No pronuncies el nombre del SEÑOR tu Dios a la ligera. Yo, el SEÑOR, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera.
Todos los que creemos en Dios, hemos quebrantado este mandamiento al menos una vez. Somos culpables.
4. Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el SEÑOR bendijo y consagró el día de reposo.
Todos hemos quebrantado el descanso del séptimo día. Ya sea trabajando, haciendo labores domésticas o incluso (paradójicamente) asistiendo a la iglesia, con todo el trabajo que ello conlleva para el staff de servicio y los ministros. Nuevamente somos culpables.
5. Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes una larga vida en la tierra que te da el SEÑOR tu Dios.
¿Cuántos en verdad honran a su padre ya su madre? Tristemente hay casos en que el padre o la madre no parecieran ser dignos de recibir honra alguna. Pero el mandato es claro: Hónrales.
6. No mates.
7. No cometas adulterio.
8. No robes.
Estos tres mandamientos son quebrantados a diario, millones de veces a lo largo y ancho del mundo. Todos hemos tomado alguna vez algo que no nos pertenece. Eso no es ser "listo", es ser ladrón. Jesús nos dijo que el que mira con deseo a la mujer del prójimo ya ha adulterado con ella en su corazón. La vara está alta y ninguno de nosotros la ha pasado.
9. No des falso testimonio en contra de tu prójimo.
10. No codicies la casa de tu prójimo. No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca.
Este es el filtro definitivo. Quizá haya una o dos personas que que hayan pasado todos los anteriores, pero del 9 nadie pasa: Todos hemos mentido al menos una vez en la vida (una es suficiente) y todos hemos deseado y codiciado a lo menos un bien ajeno ¡Las estadísticas de consumo así lo indican!

Nótese que aún no es necesario indagar en el comportamiento sexual de una persona. ¡No es necesario! Aunque la Biblia si habla de un comportamiento sexual inadecuado y lo condena severamente (Levítico 18, 1 Corintios 6:9, Romanos 1:24, Apocalipsis 21:8 . . .  ¡y mucho más!), los 10 mandamientos son suficientes para entender que ya somos pecadores.

Dios ha establecido sus leyes con sabiduría y amor. Al ponerse a sí mismo en primer lugar no necesitamos exponer la intimidad de nuestra vida (que él ya conoce). La ley de Dios se resume en: Amar a Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y amar al prójimo como a uno mismo.

Por lo tanto, no necesitamos explorar ni exponer la intimidad de cada uno (cada quién sabe dónde le aprieta el zapato). Aún en un asunto tan delicado como nuestro propio pecado, Dios revela su amor al exponernos como pecadores no mediante nuestra intimidad, sino mediante nuestro trato con Él y los demás.

Llegados a este punto, nos damos cuenta que no es necesario indagar, ni exponer, ni condenar la intimidad de una persona homosexual para saber si "va al cielo". El sólo exámen de los 10 mandamientos de Dios nos dá la respuesta.

Por lo tanto, insisto: No importa la intimidad sexual, ya que la ley de Dios nos expone como convictos y merecedores de la ira de Dios. ¿Cómo escaparemos entonces de semejante juicio?

"Porque tanto amó Dios al mundo que dió a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su hijo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de Él." (Juan 3:16-17 NVI, énfasis añadido)

Dios nos hace justicia de nuestra transgresión a la Ley mediante el sacrificio de Jesús. Es él quien recibe nuestra condenación y paga nuestro precio.

"Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones , y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados." (Isaías 53:4-5 NVI) 

De modo que el "escape" a la ira de Dios, que todos sin excepción merecemos, no está en el cumplimiento de la ley, sino en la fe puesta en que Dios, por medio del sacrificio de Jesús nos da la posibilidad de ser perdonados.

"Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia." (Romanos 3:22-25 NVI, énfasis añadido)
En conclusión, respondemos ahora la pregunta: ¿Puede una persona homosexual ir al cielo y heredar la vida eterna? ¡Por supuesto!  Si pone su fe en Jesús y entrega su vida a él. Es él quien se encarga de restaurar las cosas y poner en nuestro corazón el Espíritu que nos hace cumplir la voluntad de Dios haciéndonos de este modo abandonar toda conducta que nos impide el heredar la vida eterna.

martes, 27 de noviembre de 2012

Cuando la santidad no es suficiente

En un post anterior escribí acerca de la definición bíblica de santidad (precisamente según Levítico) y su aplicación práctica tanto como un principio de "buen vivir" como de "buena vecindad".

Pero entendamos esto: La santidad por si sola poco y nada mejora nuestra condición de rebeldes contra Dios. Nuestra santidad y buenas obras en nada nos justifican.

"Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento" (Isaías 64:6 NVI)

Entendámoslo de esta forma: Somos seres pecadores. No es que nacemos puros y poco a poco nos vamos desviando, sino que nacemos completamente apartados de Dios y con una clara predisposición a pecar.

"Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3:23 NVI)

Lo voy a hacer más simple de entender aún: ¿que se necesita para ir al infierno? Nada. Quédate así como estás e irás al infierno.

La gran mentira que te cuenta la religión en esta: Tus "malas acciones" te llevarán al infierno y tus "buenas acciones" te llevarán "al cielo". Esa es la menira más asquerosa que ha inventado Satanás.

"Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento" (Isaías 64:6 NVI)

Sabiendo que es imposible que por nuestros propios méritos tengamos acceso al "cielo", Dios mismo ha proporcionado el camino para que lleguemos a Él.

"-Yo soy el camino, la verdad y la vida -le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por mi." (Juan 14:6 NVI)
"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unegénito (es decir, a Jesús), para que todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él." (Juan 3:16-17 NVI, paréntesis míos)

Y es el sometimiento a este Jesús lo que nos allana el camino a la eternidad con Dios. Es el creer de verdad en Jesús lo que abre nuestro corazón a la ley de Dios. Asi y todo es sólo y únicamente por la fe (es decir, el creer sin haber visto) en Jesús que nuestra salvación es real. Y esto es un regalo de Dios si contar nuestras "buenas acciones".

"Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras para que nadie se jacte." (Efesios 2:8-9, énfasis añadido)

Y es luego de este sometimiento al señorío de Jesús que Dios, cumpliendo su promesa "estampa" su ley en nuestro corazón.

"Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel -afirma el Señor-: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (Jeremías 31:33-34 NVI)

Jesús mismo prometió vivir en aquellos que le aman.

"Le contestó Jesús: -El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él." (Juan 14:23 NVI)

Y enviarnos su Espíritu para que nos enseñe y nos recuerde a vivir conforme a la ley de Dios.

"Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho." (Juan 14:26 NVI)

Y todas esas obras que antes comentaba ya no son fruto de nuestro esfuerzo religioso por tratar de "juntar puntos para ir al cielo", sino que todo es un regalo gratuito de Dios.

El cumplimiento de la ley se hace entonces innecesario porque todo el mérito es de Jesús, y las buenas acciones ya no son fruto de nuestro esfuerzo, sino del Espíritu de Dios que viene como regalo, como un "timbre" o "sello" sobre nosotros.

"En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas." (Gálatas 5:22-23 NVI)

En resumen: Las buenas obras por sí solas sólo garantizan que una buena persona vaya al infierno. Por otro lado, el sometimiento a Jesús garantiza la vida eterna y nos capacita para las buenas obras.

¿Qué se necesita para ir al infierno? NADA.. QUÉDATE COMO ESTÁS.

¿Qué se necesita para ir al cielo? "Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos" (Hechos 16:31 NVI)

No te conformes con lo que lees acá. La santidad bíblica es mucho más que normas de buena vecindad y buen vivir. Si creees en Jesús y quieres saber más, consigue una biblia y podrás leer por ti mismo las maravillosas promesas que Dios tiene para ti. Si no sabes por donde empezar, el evangelio según Juan es un buen comienzo. Está en el Nuevo Testamento. Y si en algo te puedo orientar, estoy a tu servicio.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Un mensaje a la juventud

¿Cuál es tu parámetro para saber si eres salvo? ¿Tienes conciencia de lo que la apostasía está haciendo hoy? ¿En qué o quién está puesta tu esperanza?

Un mensaje del predicador estadounidense Paul Washer que no deja indiferente a quien lo vea. Muchas veces la necesidad de llevar el evangelio a todas las personas trae como consecuencia una distorsión en el mensaje que puede tener consecuencias muy tristes.

Te invito a tomar asiento y ver este video. Te aseguro que puede cambiar muchas cosas de tu vida.


sábado, 2 de junio de 2012

¿Qué es el evangelio?

¿De que se trata el evangelio?
¿Cuál es el rollo con Jesús?
¿A que viene esto de la Biblia y Dios, cuando parece tan poco lógico?


aqui está.... demasiado bien explicado.





miércoles, 16 de mayo de 2012

Nunca nadie me lo dijo

Crecí en una familia cristiana, de corte evangélico. Devoción no es una palabra que nos caracterizara. Recuerdo la última vez que fuimos a una iglesia debe haber sido en 1984 o 1985. La encontramos quemada, hecha cenizas. Es el último recuerdo que tengo de una iglesia en mi infancia.

Me enseñaron a dar gracias a Dios antes de comer, a leer la biblia, a no robar, ni mentir, a respetar a los demás y respetarme a mi mismo, pero nunca me dijeron que Cristo había muerto y resucitado para pagar el precio de mis pecados. Nunca nadie me dijo que Jesús era el Hijo de Dios que había venido a este mundo a pagar el precio de todos nuestros pecados sólo por amor, para que así puediéramos volver a tener paz con Dios y nosotros mismos.

El tiempo me enseño a mentir, a robar, a destruirme a mi mismo. Nunca nadie me dijo que en Jesús encontraría las fuerzas necesarias para resistir toda tentación. Durante muchos años luché con mis propias fuerzas, en base a mi propia filosofía para tratar de no ser como los demás. Me escondí en las doctrinas políticas más raras que encontraba, pero no lograba encontrar paz.

Nunca nadie me dijo que ese vacío interior podía ser llenado sólo pidiendo a Jesús que lo hiciera. Traté de llenarlo con violencia, filosofía, alcohol, drogas, sexo. Traté durante años de escapar de mi mismo. Busqué ganar más y más dinero para así conseguir más cosas. Pensaba que algún día una mujer se enamoraría de mi y todo cambiaría.

Pero siempre despertaba con esa sensación de vacío. Cada vez que se me quitaba la resaca pensaba "¿esto es todo?". No podía convencerme que lo mejor que podía ofrecerme la vida era un dolor de cabeza, los oídos zumbantes, un escozor en la entrepierna y boca seca.

Nunca nadie me dijo que Dios existía y ayudaba, nunca nadie me dijo que Él podía ayudarme a tomar las decisiones correctas. Por lo tanto me dejé llevar por mi codicia y fui estafado. Descubrí que aunque el dinero no es todo en la vida, su ausencia provoca daños fuertes.

Nunca nadie me dijo que Jesús vino a liberar a los cautivos, que aún en mi estado Él podía echar todo por tierra y hacer nuevas las cosas. Recuerdo una mañana en que estaba desesperado buscando trabajo. Había jugado todas mis cartas y me quedaba dinero suficiente como para un mes de renta. Recuerdo de verdad sentirme atrapado en mi propio juego. Me acordé de mi infancia, me acordé de esa iglesia quemada y cómo esas personas adoraban y glorificaban a Dios a pesar de su desgracia.

"Dios  -dije-... No sé si existes. No sé si estas ahí, pero si de verdad existes... necesito un trabajo y lo necesito ahora..."


Nunca antes había dicho algo con tanta sinceridad. Ahí estaba, solo, en mi departamento, sin amigos, sin familia, sin polola, sin moto, sin muebles, sin dinero. Nunca antes me había sentido tan desnudo y tan desamparado. ¡Estaba hablando sólo! Colgado de una red wi-fi me puse a enviar currículums... lancé mis dados.


Dos horas después me llamaron de Lanix Chile... y aquí sigo hoy...

Nunca nadie me dijo que Dios puede dar pruebas de su existencia. Nunca nadie me dijo que Dios nos ama. Nunca nadie me dijo que Dios restaura las vidas de quienes lo permiten.

Recuerdo la incomodidad del primer día en la iglesia. Sentirse observado, sentirse solo, sentirse extranjero. Darse cuenta de la imperfección de la obra humana, de la falta de calidez y afecto de los cristianos. Quise huir, pero me quedaba algo de orgullo y dignidad, asi que decidí permanecer ahí, muy a mi pesar.

"Él cumplió su parte -dije- Ahora me toca a mí cumplir la mía"

Nadie me dijo nunca que Dios premia la fidelidad. Nadie me dijo nunca que Dios te habla personalmente. Nadie me dijo nunca que Dios no vive en las iglesias y que puedes llamarlo desde cualquier lugar.


Creí haber recuperado todo, el dinero, la moto, la estabilidad. Comencé a volver a mis andanzas, comencé a dejar de cumplir mi parte.

Nadie me dijo nunca que Dios nos cuida, que Él mismo vela por nosotros y nos mantiene a resguardo de aquello que nos hace daño. Nadie me dijo nunca que Dios respeta nuestras decisiones, que no nos obliga a obedecerle.

Mi corazón estaba destrozado. Nunca había amado a alguien de esa manera. Nunca había dado todo por una mujer, jamás me habían despreciado y destruido de esa forma. Conocí el caos de un corazón destrozado, de un alma decepcionada.

Nunca nadie me dijo que Dios corresponde nuestra rabia con silencio. Nadie nunca me dijo que Dios pone la otra mejilla cuando lo abofeteas, nunca nadie me dijo que el único camino para llegar a Dios es Jesús.

Y ahí estaba, en el suelo, llorando desesperadamente. Deseaba la muerte, deseaba dormir por siempre, deseaba escapar de mí mismo, deseaba con todas mis fuerzas llenar ese vacío oscuro y terrible que sentía en mi interior.

"Jesús.... Jesús.... - decía entre sollozos- . . .Jesús... Jesús"

Mis lágrimas mojaron el plumón, las sábanas, el colchón y mi ropa. Gotas y gotas caían desde mis ojos como la lluvia en una tormenta. Estaba en el suelo, ni siquiera podía levantar mi cara.

Nunca nadie me dijo que Jesús restaura vidas. Nunca nadie me dijo que Jesús perdona. Nunca nadie me dijo que Jesús puede tomar una vida hecha pedazos y construir una nueva.

Fue el primer día de mi vida.

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en la casa del fariseo, se presentó con un fraco de alabastro lleno de perfume. Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: "Si este hombre fuera profeta, sabría quien es la que lo está tocando, y que clase de mujer es: una pecadora."

Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta:

- Simón, tengo algo que decirte.

- Dime, Maestro -respondió.

- Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más?

- Supongo que aquel a quien más le perdonó -contestó Simón.

- Has juzgado bien -le dijo Jesús.

Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón:

- ¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Entonces le dijo Jesús a ella:

- Tus pecados quedan perdonados.

Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: "¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?"

- Tu fe te ha salvado -le dijo Jesús a la mujer-; vete en paz.
(Lucas 7:36-50 NVI)

Nunca nadie me dijo que Dios perdona....